Extraido de Historia Universalis
domingo, 2 de marzo de 2008
Los pueblos Germánicos
Extraido de Historia Universalis
jueves, 17 de enero de 2008
Orión (mitología)
Nacimiento
Hirieo, el fundador de la ciudad de Hiria, en Beocia, nunca había conocido mujer pero deseaba a pesar de ello tener un heredero. Un día, Zeus, Hermes y Poseidón le visitaron en su palacio. Hirieo sacrificó para ellos el buey más hermoso de su manada. Más tarde les preguntó qué podía hacer para tener un descendiente sin tener que casarse. Para ello, Zeus le hizo traer la piel del buey que Hirieo había sacrificado para ellos y le pidió que orinase encima. Así lo hizo Hirieo. Entonces los tres dioses enterraron la piel en el jardín del palacio y se marcharon. Nueve meses más tarde, apareció en el lugar donde la piel había sido enterrada un niño al que Hirieo dio el nombre de Orión (de ourina, ‘orinar’). Cuando alcanzó la edad adulta, era tan grande que podía andar por el fondo del mar manteniendo la cabeza y los hombros fuera del agua.
El primer amor y sus consecuencias
Así fue como llegó a la isla griega de Quíos. Fue recibido en la corte del rey de la isla, Enopión, y allí se enamoró de su hija, la princesa Mérope. Enopión quiso librarse de este incómodo pretendiente, para lo que decidió prometerle la mano de su hija si éste libraba a Quíos de todas las bestias que atacaban a hombres y ganado. Enopión estaba convencido de que Orión no lo lograría, pero éste era un excelente cazador y no tuvo ningún problema para cumplir el encargo. Cuando regresó y pidió la mano de Mérope, Enopión se desdijo de sus promesas, el enamorado Orión se enfadó y saqueó el palacio, siendo sin embargo finalmente apresado por el ejército de lanceros del rey.
Como castigo, Enopión le cegó y le abandonó en la playa. Orión marchó entonces directo a través del mar hasta la isla de Lemnos, donde fue atraido por la forja de Hefesto, quien aceptó cederle como lazarillo a su ayudante Cedalión. Así, guiado por el muchacho, Orión regresó al mar y caminó hacia el este para encontrarse con el sol. Durante su camino, recuperó milagrosamente la vista.
Reencuentro con artemisa y muerte
Otra versión cuenta que Artemisa se había enamorado de Orión, lo cual despertó celos en Apolo, dios del sol y hermano gemelo de Artemisa, pues aquél tenía que cuidar de la castidad de ella. Un día Apolo hizo una apuesta a su hermana, a que no podía asestarle una flecha a un animal que se movía a lo lejos dentro de un bosque. Artemisa lanzó su flecha y dio, como siempre, en el blanco. Cuando fue a ver su presa, se dio cuenta que había aniquilado a Orión. Fueron tan grandes sus quejas y sus lamentos, que Zeus, padre de los dioses, colocó a Orión en el cielo para su consuelo. Se dice que un día Orión regresar
á para vengarse de Apolo y si no a él, a sus descendientes ya mortales y casarse con la descendiente de Artemisa. Existe una versión más, en la que se cuenta que Enopión, movido por los celos, le sacó los ojos a Orión en castigo para que jamás volviera a ver a Mérope. Así transcurrió su vida, hasta que un día pisó un escorpión sin darse cuenta, siendo picado y muerto por su veneno. Los dioses se apiadaron de él y lo colocaron en los cielos junto a sus dos perros de caza (Can Mayor y Can Menor) y una liebre llamada Lepus. Se dice que por eso persigue a Mérope y las Pléyades, sus hermanas, y huye de Escorpión, al otro lado del cielo. También se dice que ataca a Tauro, una de las bestias que invadieron Quíos.
domingo, 13 de enero de 2008
Lucio Tarquinio el Soberbio
Se sabe que compró tres libros proféticos a la Sibila de Cumas y los depositó en el templo de Júpiter. La Historia lo narra así: La sibila se presentó ante Tarquinio como una mujer muy anciana y le ofreció nueve libros proféticos (Libros Sibilinos) a un precio extremadamente alto. Tarquinio se negó pensando en conseguirlos más baratos y entonces la sibila destruyó tres de los libros. A continuación le ofreció los seis restantes al mismo precio que al principio; Tarquinio se negó de nuevo y ella destruyó otros tres. Ante el temor de que desaparecieran todos, el rey aceptó comprar los tres últimos pero pagó por ellos el precio que la sibila había pedido por los nueve. Estos tres libros fueron guardados en el templo de Júpiter y eran consultados en situaciones muy especiales. En el año 83 adC el fuego destruyó los llamados Libros Sibilinos originales y hubo que formar una nueva colección que no ha llegado hasta nuestros días porque en el año 405 se destruyeron también.
Parece ser que se divertía matando a gente en el foro. La mayor parte del tiempo que estuvo en el trono se dedicó a hacer guerras, por cierto guerras afortunadas para él, pues bajo su mando el ejército, integrado por entonces por algunas decenas de miles de hombres, conquistó no tan solo la Sabina, sino también la Etruria y sus colonias meridionales, al menos hasta Gaeta.
Fue destronado y expulsado de Roma junto con toda su familia a raíz de la fechoría cometida por su hijo Sexto Tarquinio contra Lucrecia. Dicha leyenda explica que Tarquinio (el Severo) estaba con sus soldados y su hijo: Sexto Tarquino, y su hijo (Lucio Tarquinio Colatino), estos, bajo la tienda, comenzaron a discutir la virtud de sus respectivas esposas, cada uno sosteniendo, como buen marido, la de la propia. Probablemente el uno le dijo al otro: «La mía es una esposa fiel, la tuya te engaña». Decidieron volver aquella noche a casa para sorprenderlas. En Roma, la mujer de Sexto, se encontraba banqueteando con los amigos y dejándose cortejar. La de Colatino, Lucrecia, engañaba la espera tejiendo un vestido para su marido; Sexto, al ver que perdió la apuesta, se puso a cortejar a Lucrecia hasta el punto de violarla. Deshonrada, Lucrecia mandó llamar a su padre y a su marido, les confesó lo sucedido y se mató de una puñalada en el corazón.
Su sobrino Lucio Junio Bruto fue líder de la revuelta que se organizó contra el rey y después proclamó la República, en el año 509 adC. A partir de estos hechos, ya no fueron elegidos más reyes. En su lugar fueron elegidos para gobernar los pretores, que más tarde fueron llamados cónsules. Es el camino hacia la República romana.
Bibliografía : Wikipedia la enciclopedia libre.
viernes, 19 de octubre de 2007
El misterio de Compostela
¿Que sabemos de este misterioso ser, y porque su nombre es misteriosamente asociado con Santiago de Compostela?
Yo siempre estaré de acuerdo en un aspecto con Sócrates, ese aspecto de esta grandísimo filosofo era su famosa frase “Solo sé que no sé nada”, en mis particulares averiguaciones nunca afirmaré ni desmentiré nada, puesto que me podría quemar, solo pondré las cartas del discernimiento sobre la mesa.
Empezaré hablando Sobre Santiago hijo de el pescador Zebedeo y de María salomé, mas conocido por todos como Santiago de Compostela. Os preguntareis que tiene que ver la historia de este apóstol con el desconocido Prisciliano.
Según la leyenda, tras el Pentecostés (hacia 33 dC), cuando los apóstoles son enviados a la predicación, Santiago habría cruzado el mar Me diterráneo y desembarcado para predicar el Evangelio en la Hispania (actuales España y Portugal). Según unos relatos, su prédica habría comenzado en la Gallaecia, a la que habría llegado tras pasar las Columnas de Hercules, bordeado la Baetica y la deshabitada costa de Portugal; otras tradiciones afirman su llegada a Tarraco y su viaje por el valle del Ebro, hasta entroncar con la vía romana que recorría las estribaciones de la Cordillera cantábrica y terminaba en la actual La Coruña. Esta tradición hace de Santiago el santo patrón protector de España.
La arqueología no aporta datos que corroboren completamente esta historia –como no atestiguan casi ninguna prédica, salvo la paulina–, ya que los primeros cristianos no llegaron a Galicia en el siglo I, sino a mediados del siglo III. Se conoce, sin embargo, que existían poblaciones cristianas importantes ya durante el siglo II en las ciudades de la Bética y la Tarraconense, aunque los restos no permiten distinguirlos claramente de las comunidades judías preexistentes, como en el resto del Imperio, hasta el siglo III. El desarrollo del cristianismo en la Península fue rápido e intenso, como lo indican otras tradiciones y, fundamentalmente, que fuera en Hispania donde se celebrara el primer concilio conocido tras el de Jerusalén (Concilio de Elvira , hacia 303), recién acabada la persecución de Dioclesiano. Fuera de los Evangelios, sólo aparece nombrado en los Hechos de los Apóstoles (Hc 12, 2), “Por aquel entonces, el rey Herodes hizo arrestar a algunos miembros de la Iglesia para maltratarlos. Mandó ejecutar a Santiago, hermano de Juan, y al ver que esto agradaba a los judíos, también hizo arrestar a Pedro. Eran los días de "los panes Ácimos"” cuando, tras una prédica, es martirizado en Jerusalén (es uno de los primeros mártires cristianos) hacia el año 44, degollado por orden de Herodes Agripa I, rey de Judea. Este relato parece contradecir la prédica de Santiago en Hispania, pero tampoco es real. Se sabe que casi todos los apóstoles abandonan Jerusalén y comienzan la predicación al poco de morir Jesús en la cruz, y también se sabe que volvían de vez en cuando a la ciudad (como en el caso del llamado Concilio de Jerusalen, relatado en los Hechos de los Apóstoles).
Sin afirmar ni desmentir nada, a priori parece ser que la afirmación de que Santiago el Zebedeo este enterrado en Compostela como se afirmó en su tiempo es una farsa.
Pero si no esta enterrado en Compostela, ¿porqué la gente peregrina masivamente a ese lugar de culto, sabiendo incluso la Iglesia la farsa que supone? La mayoría de la cúpula eclesiástica ya ha afirmado que es imposible que allí este la tumba del apóstol.
Hablemos un poco del misterioso prisciliano. Comenzaré con una breve biografía de este sujeto que intenta hacerse un hueco en los albores de la historia, discernamos haciendo un viaje en el tiempo, nos vamos a la vieja Galicia antigua y la nueva Galicia medieval, la región llamada por los romanos la Gallaecia, empezamos a viajemos en el tiempo.
Era una mañana gris del año de nuestro señor Jesucristo 340, unos años convulsos, comenzaba la decadencia del que en su día fue el mayor imperio del mundo, en unos pocos años, donde reinaba la apacible "pax romana" no tardaría en venirse abajo con las invasiones extranjeras del siglo próximo. El año 340 y los siguientes años el imperio romano ya cristianizado oficialmente desde hacia 27 años el cual gobernaba con mano firme el recto Teodosio, en ese año nacía Prisciliano discípulo del anacoreta egipcio Marcos de Menphis y episcopus de Gallaecia en una ilustre familia, era estudioso de la astrología, y las ciencias de lo oculto, pero gustos a parte un grandísimo orador. Prisciliano no seguía los dictámenes de la Iglesia por aquel entonces, el no predicaba la continencia, el ayuno o el apartamiento del mundo, el y sus seguidores, se escondían en lugares solitarios, en la aspereza de los montes o en la intimidad de sus hogares. Se reunían en parajes secretos, comulgaban de un modo especial, sin ser vistos por nadie, sus singularidades bastaban para causar viva zozobra a los otros cristianos, por lo que empezaron a propagarse rumores fantásticos.
Se les acusaba de Rogar a Dios desnudos. Esta voz de alarma la dio el entonces obispo de Córdoba, Higinio, la cual también impacto al prelado de Mérida, Idacio.
Otros obispos dieron más importancia al ascetismo de los priscilianistas, que a su herejía, y pronto el episcopado español se halló dividido en dos bandos. Un concilio celebrado en Caesaraugusta (Zaragoza), en el año 380 condenó a los priscilianistas, aunque algún obispo se mostró favorable a los disidentes, y estos continuaron su predicación, con la agravante de que prisciliano fue elegido obispo de Ávila.
En poco tiempo sus seguidores se contaban por miles (con numerosos sacerdotes y obispos entre ellos) y su hermosa herejía basada en la libertad, la igualdad y el respeto, así como en la conservación de los conocimientos y ritos antiguos se extendió por toda la península hispana e incluso allende de sus fronteras. El ingenuo Prisciliano, que acudió confiadamente a Roma para pedir comprensión al Papa Dámaso, fue torturado y condenado por los jueces eclesiásticos que él juzgaron en Tréveris, y finalmente, decapitado sin misericordia.
Sin embargo sus seguidores, lejos de dejarse atemorizar por las amenazas de la Santa Iglesia de Roma, recuperaron el cuerpo descabezado de prisciliano, devolviéndolo a Hispania y su herejía siguió propagándose por todas partes como un fuego griego.
Muy pronto, la tumba del mártir hereje, que había sido un hombre bueno, se convirtió en lugar de masivas peregrinaciones, y quizá aprovechando el transitorio olvido en el que había quedado el sepulcro de prisciliano por la confusión, la muerte y el terror que supuso para la península la invasión árabe del siglo octavo, transformó el sepulcro de Prisciliano en el sepulcro del apóstol Santiago el Mayor, hermano de San Juan evangelista, e hijo, como este, del pescador Zebedeo y de una mujer llamada María Salomé, dotándole de una hermosa leyenda cargada de milagros que justificarán lo imposible, pues ni Santiago el Mayor había venido nunca a Hispania, como se demostrará en los Hechos de los apóstoles ni en los evangelios, ni su cuerpo curiosamente también decapitado, habían regresado con ella desde Jerusalén en una barca de piedra empujada por el viento.
¿Quién está enterrado en la preciosa ciudad de Compostela en esa majestuosa obra de maestro Mateo?